El GuainÃa, disparidades sociales y económicas
- Aug 27, 2024
- 4 min read
Updated: Sep 17, 2024
Poco sabe el colombiano promedio sobre el departamento del GuainÃa. No conocemos su geografÃa ni su territorio, con una extensión más grande que paÃses como Irlanda o Lituania. No conocemos sus etnias Curripaco, Puinave, Piapoco, Cubeo, yeral o sikuani. No conocemos su historia, marcada por la llegada de colonos buscando bonanzas de flora, fauna y oro, proceso que ha dejado una amalgama de culturas en el departamento. Tampoco conocemos su economÃa marcada por la escases de proyectos productivos propios, por el desconocimiento de las condiciones naturales del departamento, por una visión del desarrollo extractiva más que productiva.
El GuainÃa es un departamento particular. Si bien es el 5to departamento más grande del paÃs, ocupa el puesto 32 en población. Esto implica que la densidad poblacional es muy baja, y que las distancias a recorrer son muy altas. Ambas caracterÃsticas limitan las posibilidades de desarrollar un mercado en el departamento. No solo esto, sino que la oferta natural del GuainÃa es también diferente a la de otras zonas de Colombia, incluso en departamentos vecinos como el Guaviare o el Vichada. Salvo en algunas zonas del norte del departamento, en el GuainÃa la fertilidad de la tierra es más baja, y por eso no se dan las condiciones para establecer zonas ganaderas, agrÃcolas o agroindustriales. Todo esto termina limitando la posibilidad de contar con grandes centros urbanos y productivos. AsÃ, el Estado termina ofreciendo las pocas oportunidades de empleo, bienes públicos y servicios en la región. La comida termina llegando por avión, y el departamento sigue teniendo amplias zonas desconectadas incluso de la señal telefónica.
Entre las pocas actividades que dan algún sustento (por ejemplo, en InÃrida), se encuentra la minerÃa. Pero esta minerÃa es en muchas ocasiones ilegal y a pequeña escala. Se ha intentado legalizarla, pero existen barreras para ello, entre otros, por las necesarias regulaciones ambientales que debe tener esta actividad.Â
Todas estas circunstancias evidencian la necesidad de pensarse soluciones para el departamento, pero no desde el lejano desconocimiento de Bogotá. Un departamento suigéneris, no puede ser administrado desde el centro. Por sus condiciones especiales, el GuainÃa requiere soluciones ajustadas a sus particularidades. Por ejemplo, es necesario reconocer que los recursos para ejecutar cualquier proyecto social o de infraestructura, por definición, serán más altos en un departamento como este, donde la dispersión de la población y los costos de transporte (por rÃo o por avión), encarecen y dificultan cualquier obra.Â
De manera similar, se requiere reconocer que las condiciones naturales son particulares, y por eso se necesita aplicar sistemas productivos que sean armónicos con las condiciones ambientales, sociales y económicas de la región. Esto implica dejar de pensarse sistemas productivos que vienen del mundo andino. En el GuainÃa no sirven los potreros empraderizados y extensos, y no funciona la agricultura extensiva.Â
¿Qué sà puede funcionar? Generar medios de siembra y manejo sostenible de especias de fauna y flora endémicas de la región, como la flor de InÃrida, la fibra de chiquichiqui, cumare y palo boya; o las especies de peces ornamentales como neones, rayas o el pencil. Para ello cabe pensarse en cómo impulsar los sistemas silvo-pastoriles y agro-forestales con reducido uso de agroquÃmicos, y enseñar la crÃa de especies menores. Se necesita también desestimular la quema del bosque para el establecimiento de chagras o conucos (pequeñas parcelas de tierra que siembran las comunidades indÃgenas).Â
Las transformaciones de un departamento como el GuainÃa requieren no solo de transformaciones económicas, sino también, de transformaciones culturales. Por ejemplo, es importante que las voces, necesidades y empuje de las mujeres indÃgenas cobren más fuerza en las organizaciones sociales y polÃticas. Y para que ello ocurra, se deben repensar algunas divisiones sociales del trabajo dentro de las comunidades. Por ejemplo, en el GuainÃa, tradicionalmente el hombre indÃgena se encarga de la cacerÃa, la pesca, la adecuación del conuco y la reparación y construcción de la vivienda. Por su parte, la mujer indÃgena se encarga del cuidado: el cuidado de los hijos, el cuidado del conuco, el cuidado del alimento.Â
Todo esto debe ir acompañado de la protección y de la escucha a los liderazgos indÃgenas de la región. En últimas, desde el diálogo y el encuentro de puntos en común, podremos recordar que el GuainÃa es un departamento viable. Un departamento donde se puede construir equidad. Donde pueden reemplazarse ideas que ven el territorio como una zona para la extracción, y se pueda pensar en la producción y en la conservación. Donde se puede tejer entre organizaciones sociales para exigir y para crear. Donde la cultura indÃgena y la colona, los gobiernos locales y nacionales, pueden trabajar juntos para reconocer y expandir la riqueza y oportunidades que este gran rincón de Colombia nos ofrece.
Este escrito hace parte de una serie de 32 columnas que exploran la desigualdad en los 32 departamentos de Colombia. Las columnas son el resultado de un proceso de diálogo entre académicos, artistas y activistas de cada rincón de nuestro paÃs. Para conocer más sobre las publicaciones semanales del proyecto Diálogos Territoriales sobre Desigualdad y sobre nuestro centro de investigación comunitaria, sÃguenos en IG @reimaginemos.colombia o Twitter @reimaginemos.
Coautores: Jairo Rincón Ariza, docente Universidad Nacional Abierta y a Distancia trabajando en actividad ambientalista y social en el GuainÃa; Zulay Guajo, abogada indÃgena y defensora de derechos humanos en el GuainÃa.
Editora: @Allison_Benson_. Investigadora y Directora de Reimaginemos
