Entre la naturaleza y la organización social: Desigualdades y reencuentros en el departamento de BolĆvar
- 5 mar 2024
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El departamento de BolĆvar alberga a Cartagena, una de las joyas turĆsticas nacionales, y al tiempo es el hogar de bosques, ciĆ©nagas, manglares, corales, entre otros ecosistemas claves para combatir el cambio climĆ”tico y la desigualdad. Es un territorio rico, donde resplandece el turismo y las oportunidades industriales, pero donde tambiĆ©n brillan los contrastes y el empobrecimiento. La misionera franciscana Kelly Rivero, que acompaƱa comunidades aledaƱas al canal del dique nos recuerda estos contrastes: āĀæCómo es posible que, con tanta agua, no tengamos acceso a agua potable? QuĆ©, con tantas tierras, Āæno seamos los dueƱos y estas no se cultiven? Que, con tanta tierra y posibilidades de producción de alimentos, aceptemos que haya niƱos con desnutrición y que a las comunidades rurales nos toque ir comprar los alimentos a la ciudadā. Estos son ejemplos de cómo las desigualdades no son solo sociales, son tambiĆ©n ambientales y polĆticas. Lo uno se relaciona con lo otro, tanto al definir los problemas, como al definir las soluciones. Ā Ā Ā
BolĆvar es un departamento mayoritariamente urbano: 8 de cada 10 bolivarenses viven en los cascos urbanos, especialmente en Cartagena. Esta expansión urbana se ha dado, en muchos casos, a costas de degradar la naturaleza, que hoy se encuentra despojada, luchando por un espacio al borde de los grandes emprendimientos turĆsticos, urbanos e industriales. El crecimiento expansivo de espaldas a la naturaleza se junta hoy con los riesgos que trae el cambio climĆ”tico, haciendo de Cartagena la ciudad del paĆs mĆ”s vulnerable a inundaciones. SegĆŗn la alcaldĆa de la ciudad, para 2040, podrĆa darse un aumento del nivel del mar de mĆ”s de 60 cm. Esto afectarĆa a toda la ciudad, limitando las posibilidades de continuar con el desarrollo turĆstico e industrial. Y como ocurre con muchos problemas, esto afectarĆa de manera mĆ”s drĆ”stica a las comunidades mĆ”s empobrecidas, que habitan las zonas mĆ”s vulnerables.
La migración hacia zonas urbanas en BolĆvar, en buena parte impulsada por el conflicto armado, explica tambiĆ©n las graves carencias que vive Cartagena en material de garantĆa de derechos y de acceso a servicios pĆŗblicos. De las seis ciudades principales de Colombia, Cartagena es la que tienen los mayores Ćndices de pobreza: uno de cada dos cartageneros son pobres (Cartagena Cómo Vamos, 2022). Muchos de estos cartageneros viven en estratos 1 y 2 en zonas vulnerables a inundaciones y deslizamientos de tierra, y en las cuĆ”les, en pleno siglo XXI, no hay servicios pĆŗblicos. Como lo seƱala Jhorland Ayala, investigador del Banco de la RepĆŗblica y de la Universidad Tecnológica de BolĆvar, āen zonas de riesgo no mitigable es imposible, por ley, proveer servicios pĆŗblicos. Por eso los barrios mĆ”s vulnerables, se quedan sin acceso a estos, lo cual es un cĆrculo vicioso que termina generando aĆŗn mĆ”s desigualdadesā.Ā
Las comunidades no han sido las Ćŗnicas empobrecidas por los fenómenos de desplazamiento. La naturaleza tambiĆ©n ha sido damnificada. Dayro Carrasquilla artista y gestor comunitario nos recuerda que āla violencia y la creación de periferias tambiĆ©n afectó a los ecosistemas, las ciĆ©nagas, los humedales, y la toma de tierras no aptas para ser habitadas. Esto como respuesta a las nulas posibilidades de obtención de tierras de manera formalā. Este proceso ha generado una desvinculación de los campesinos con su tierra, con la producción de alimentos, y tambiĆ©n, un desarraigo con prĆ”cticas y saberes ancestrales que podrĆan usarse para enfrentar los problemas de seguridad alimentaria y cambio climĆ”tico que vive el departamento.
ĀæQuĆ© sigue? algunas ideas para reimaginar un BolĆvar en armonĆa con la naturaleza y con el desarrolloĀ
La solución no es simple ni Ćŗnica, porque el problema es multidimensional e histórico. Pero algo que sĆ sabemos es que la respuesta a las desigualdades socioambientales, tanto en BolĆvar como en Colombia, tiene que partir de repensarse las relaciones urbanas con la naturaleza. Nuestras ciĆ©nagas, canales, bosques, animales y plantas deben recobrar su lugar en las ciudades. Para esto, el ordenamiento territorial y el cuidado de la naturaleza y de la gente, debe ser una tarea no del gobierno de turno, sino de todos los actores polĆticos, sociales, económicos, pĆŗblicos y privados, que habitan el territorio.Ā
Las soluciones requieren ademĆ”s centrarse en un balance económico-social y local-internacional. Como lo plantea Catalina Quiroga, antropóloga e investigadora en geografĆa humana, necesitamos āReimaginar la forma como entendemos la economĆa. Reconociendo que se necesitan transformaciones grandes, pero que tambiĆ©n debemos apuntarle a las soluciones locales. Aquellas que se dan en el patio de la casa, y se discuten a la sombra del mango. Debemos repensar y relocalizar la economĆa desde lo cotidiano y lo cercanoā. Para ello, debemos pensar en soluciones que fomenten las economĆas locales y que las conecten con el mercado internacional, trabajando de la mano con la organización social y con el reconocimiento de prĆ”cticas y saberes ancestrales que nos re-enseƱen a combatir necesidades crĆticas, como el hambre.Ā Ā Ā
Esta idea de reconocer las prĆ”cticas y saberes ancestrales la llamamos āvolver al territorioā. Volver al territorio implica ver hacia atrĆ”s, hacia la historia, pero tambiĆ©n hacia adelante, hacia las posibilidades. Como lo seƱala Dayro, volver al territorio se refiere a cosas tan sencillas como recordar y reaprender ālas posibilidades nutricionales que el mismo territorio nos ofrece⦠saber cuĆ”les son esas plantas silvestres que nacen en los patios, en los andenes y en las calles, y que la gente piensa que son monte, pero que tienen un potencial nutricional impresionanteā.Ā
Creemos ademĆ”s que no se vuelve al territorio solo; se vuelve en colectivo. Por eso son tan fundamentales los procesos sociales, porque la transformación social no es posible sin la organización social. Y en territorios como BolĆvar, las organizaciones sociales estĆ”n ahĆ, construyendo posibilidades y equidad. Un ejemplo es el trabajo comunitario que adelanta desde hace dĆ©cadas la Fundación Madre Herlinda MoisĆ©s, para garantizar a travĆ©s de procesos comunitarios, educativos y ambientales, avances en temas como alimentación y agua limpia.
En Ćŗltimas, reducir las desigualdades socioambientales requiere reimaginar nuestras relaciones con la naturaleza, con la economĆa y con la comunidad. Como un primer paso para hacerlo, el artista Dayro Carrasquilla nos plantea, desde la obra plĆ”stica Esparcir, las dificultades para lograr una coexistencia respetuosa entre el urbanismo informal y los territorios diversos. La obra nos extiende una invitación a la empatĆa, al trabajo colectivo y a recordar las herencias ancestrales centradas en el respeto a la naturaleza.
Este artĆculo hace parte de una serie de 32 columnas que exploran la desigualdad en cada uno de los departamentos de Colombia.Ā Los escritos son el resultado de un proceso de diĆ”logo entre acadĆ©micos, artistas y activistas de cada rincón de nuestro paĆs. Para conocer mĆ”s sobre las publicaciones semanalesĀ del proyecto DiĆ”logos Territoriales sobre DesigualdadĀ y sobre nuestro centro de investigación comunitaria, sĆguenosĀ en IG @reimaginemos.colombiaĀ o X @reimaginemos.
Coautores: Catalina Quiroga; Antropóloga y geógrafa investigadora sobre conflictos ambientales en el Caribe, Kelly Rivero, misionera franciscana y gestora comunitaria;Ā Jhorland Ayala; Investigador Banco de la RepĆŗblica y Profesor Universidad Tecnológica de BolĆvar; Dayro Carrasquilla, artista social y docente de la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de BolĆvar.
Editora: @Allison_Benson_. Investigadora y Directora de Reimaginemos
