Desigualdades y salud mental
- 27 jul 2023
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Actualizado: 6 feb 2024
Hablar sobre salud mental no es fĆ”cil. Se sabe poco sobre el tema, y pese a reconocer su importancia para nuestra calidad de vida, sigue siendo un tabĆŗ y generando estigmatización y desigualdades. AdemĆ”s, existen entendimientos erróneos sobre quĆ© es la salud mental, y barreras para acceder a apoyo y tratamientos adecuados. Por esto es clave empezar a dialogar sobre la salud mental, sobre todo en el actual contexto, cuando la pandemia del Covid-19 ha mostrado no solo su relevancia, sino tambiĆ©n, su fragilidad. Por eso, desde Re-imaginemos, un proyecto que reflexiona sobre 30 formas de desigualdad en Colombia, estamos discutiendo sobre desigualdades y salud mental. El proyecto se basa en un diĆ”logo entre mĆ”s de 150 jóvenes, activistas, artistas, entre otros diversos perfiles. Esta columna es el resultado del diĆ”logo de saberes[1]#14 de Re-imaginemos, en el cual participamos: Sara Rueda, diseƱadora, docente, investigadora en temas sociales, ambientales y creatividad de Santander; Carol Pinzón, socióloga y magĆster en Estudios Culturales, GĆ©nero y Desarrollo; Carlos Candil, fotógrafo y lĆder IndĆgena Muisca; Juan Francisco Gómez, politólogo, magĆster en Ciencia PolĆtica y estudiante de Gestión Deportiva y Dirección TĆ©cnica de FĆŗtbol; y La Vanesso, artista visual y muralista caleƱa. AquĆ compartimos las principales conclusiones y reflexiones que surgieron de este diĆ”logo. Salud mental: entendimientos, barreras y desigualdades En Colombia, llevamos relativamente poco hablando sobre salud mental. Un repaso de la historia nos ilustra la discriminación y las desigualdades que se han dado alrededor de este tema. Desde finales del siglo XIX, cuando se introdujo el discurso psiquiĆ”trico en Colombia, se asoció la salud mental a la idea de la ādecadencia o degeneración racialā resultante del mestizaje[2]. Este discurso se desarrolló de la mano de la criminalĆstica, interpretando, lo que en el lenguaje comĆŗn llamamos ālocuraā, como un āriesgo para la sociedadā y apuntando, ademĆ”s el āpotencial criminalā de las personas con enfermedades de salud mental. AdemĆ”s, el discurso de āla locuraā asociado con la raza, fue utilizado como una estrategia de control y estratificación social. Solo hasta la Ley 1616 de 2003 se incluyó y enmarcó el concepto de salud mental dentro de la polĆtica pĆŗblica, definiĆ©ndola como āun estado dinĆ”mico que se expresa en la vida cotidiana a travĆ©s del comportamiento y la interacción de manera tal que permite a los sujetos individuales y colectivos desplegar sus recursos emocionales, cognitivos y mentales para transitar por la vida cotidiana, para trabajar, para establecer relaciones significativas y para contribuir a la comunidadā. Esta definición va en lĆnea con planteamientos acadĆ©micos que resaltan la salud como un tema que es simultĆ”neamente clĆnico y social[3]. Por eso, es necesario considerar diversos elementos que afectan no solo nuestra salud mental, sino tambiĆ©n, los recursos que tenemos para acceder a una atención adecuada para tratarla. Estos recursos incluyen desde herramientas emocionales, hasta comunicativas, y tambiĆ©n, económicas. Un problema que existe, es que no todos tenemos acceso a estos recursos, lo cual genera desigualdades en las oportunidades que tenemos para tratar la salud mental. A esto se suma que el paĆs no cuenta con la infraestructura ni con los profesionales suficientes para cubrir una demanda de atención que crece continuamente. AdemĆ”s, que no se ofrece una atención diferencial por ciclo vital (edad), gĆ©nero, discapacidad o grupo Ć©tnico. Estas condiciones diferenciales refuerzan la relación que existen entre las desigualdades de salud mental y otras desigualdades. Por ejemplo, acceder a una buena atención dependerĆ”, en Ćŗltimas de nuestro nivel de ingresos y de si vivimos en el campo o en la ciudad. Barreras que se agravan con el estigma, la discriminación y la vulneración de derechos, que son una constante al momento de acudir a servicios de salud mental. Es importante reconocer, ademĆ”s, que las desigualdades que se asocian a la salud mental vienen no solo de factores externos, sino tambiĆ©n, del mismo entendimiento que tenemos sobre Ć©sta. Por lo general, entendemos, erróneamente, la salud mental como una condición que depende del individuo, que se origina en el individuo y que es una responsabilidad del individuo. Esta visión desconoce que la salud mental, al igual que la salud en general, tiene una dimensión social al estar atravesada por causas sociales que se derivan del entorno en el que vivimos, no solo del entorno fĆsico, sino tambiĆ©n, del entorno emocional y la relación entre ambos. Al derivarse de causas externas al individuo, la salud mental implica tambiĆ©n, una responsabilidad colectiva. En lĆnea con esta reflexión, la Organización Mundial de la Salud define la buena salud como un estado completo de bienestar (estar bien) fĆsico, mental, social, ambiental y cultural. Y precisamente, el deterioro de salud mental que se ha vivido a raĆz de la pandemia del Covid-19, muestra cómo nuestra salud mental depende de factores externos, por ejemplo, dónde vivimos, lo cual determina nuestras oportunidades de salir a espacios pĆŗblicos, generar ingresos e interactuar con otras personas. Re-imaginar la salud mental Una de las cosas que podemos hacer para re-imaginar la salud mental desde una visión mĆ”s inclusiva y menos individualizante, es ampliar lo que entendemos como salud mental y como alternativas legĆtimas para tratarla. Por ejemplo, reconocer que la medicina occidental es sólo una de las muchas formas posibles de pensar y tratar los temas de salud. Los saberes ancestrales, las prĆ”cticas indĆgenas y la medicina tradicional tienen tambiĆ©n elementos valiosos que aportar, haciĆ©ndolo desde una visión integral basada en la espiritualidad y en el reconocimiento de la relación que tienen nuestra mente y nuestros cuerpos con el contexto, y en particular, con el territorio. El uso de la Ayahuasca, el cĆrculo de la palabra, las purgas, la meditación, las aseguranzas con la guĆa de mĆ©dicos tradicionales, son un ejemplo de herramientas que, como nos menciona Carlos, lĆder Muisca, nos permiten āmirar dentro de nosotros, porque todo lo mental tiene bĆ”sicamente un origen espiritual⦠Compartir ese conocimiento tradicional es poder decir, esto es de todos; siempre ha sido de todosā. Otro paso necesario para empezar a re-imaginar la salud mental y las desigualdades asociadas a ella, es abrir y visibilizar espacios de diĆ”logo que permitan reflexionar y hablar libremente sobre la salud mental, reduciendo la estigmatización y los tabĆŗes que existen actualmente alrededor del tema. Como lo menciona Carol āla oralidad es fundamental⦠debemos empezar a transmitir, porque no solo se trata de una ausencia de enfermedad, se trata de entender que todos somos vulnerablesā. Estos espacios de diĆ”logo deben complementarse con espacios de educación, pues, como lo resalta Sara, la mayorĆa de personas āno conocemos quĆ© son las emociones, para quĆ© existen, cómo podemos trabajarlas, cómo se ligan con los pensamientos. Esto es por falta de educación y por falta de reconocimiento sobre los saberes ancestralesā. Al respecto, Carlos complementa que tambiĆ©n debemos cuestionar lo que enseƱamos sobre la salud(s) y cómo las interpretamos, incluso desde el hogar, en cuanto a ālo que entendemos quĆ© estĆ” bien y quĆ© estĆ” mal en la salud. Por ejemplo, enseƱamos que un dolor de estómago estĆ” bien, pero una enfermedad mental noā. Sin embargo, acciones como las anteriores serĆan insuficientes si no democratizamos el acceso a las alternativas de tratamiento, e incluso, a alternativas que permitan convivir con las enfermedades de salud mental. Por eso es importante abrir el acceso a tratamientos mĆ©dicos, pero tambiĆ©n a prĆ”cticas como el deporte, la meditación y el arte. Sobre este Ćŗltimo, consideramos que existe un potencial por explotar, pues los procesos artĆsticos tienen el poder de conectar, de reparar y de sanar. Por esto, como un primer paso para abrir espacios de diĆ”logo y sanación entorno a la salud mental a travĆ©s del arte, La Vanesso hizo una convocatoria para que cualquier persona pueda compartir sus vivencias y problemas de salud mental. Como artista, ella ha creado piezas de arte inspiradas en estas historias, y las ha publicado en redes sociales con el fin de visibilizar, generar y abrir discusiones necesarias a travĆ©s de las cuĆ”les podemos conectarnos con el otro, empezar a sanar y a re-imaginar las desigualdades entorno a la salud mental. Conoce las piezas artĆsticas en este link! Y tĆŗ, ĀæquĆ© Re-imaginas? CuĆ©ntanos en reimaginemos.co, en IG @reimaginemos.colombia o Twitter @reimaginemos. Coautores: Sara Rueda; Juan Francisco Gómez; Carol Pinzón; Carlos Candil; La Vanesso. Editora: @Allison_Benson_ [1] Hemos adaptado la prĆ”ctica de diĆ”logo de saberes, comĆŗn entre comunidades indĆgenas y afrodescendientes, como una herramienta metodológica que permite āreflexividad sobre procesos, acciones, historias y territorialidades que condicionan, potenciando u obstaculizando, el quehacer de personas, grupos o entidadesā. Alfredo Ghiso (2000). Potenciando la diversidad: DiĆ”logo de saberes, una prĆ”ctica hermenĆ©utica colectiva. Colombia UtopĆa Siglo. 21. 43-54. [2] AsĆ, se asoció āla locuraā a ideas eugenĆ©sicas (el estudio y aplicación de las leyes biológicas de la herencia orientados al perfeccionamiento de la especie humana) [3] Ver, por ejemplo, parales-Quenza (2016).
