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Antioquia, ¿Un ejemplo de éxito económico o un departamento desigual?




Solemos ver a Antioquia como un departamento exitoso en lo económico. De hecho, varias de las empresas más rentables del país están en este departamento, y esto se traduce en buenos indicadores de desarrollo social. Según datos del DANE, Antioquia está en el top 5 de los departamentos con las menores tasa de mortalidad infantil y de desempleo, y tiene de las mejores cifras de conectividad a internet. Sin embargo, esta visión del departamento es parcial e incluso algo engañosa, pues detrás de este aparente éxito, existen profundas desigualdades sobre las cuáles no solemos hablar, pero que es importante visibilizar. 

Antioquia es el sexto departamento más desigual de Colombia según el coeficiente de Gini (Gran Encuesta Integrada de Hogares, 2022). Estas desigualdades se explican en buena medida por las enormes brechas que existen entre el campo y la ciudad, y entre diferentes subregiones del departamento. Gran parte de los atributos virtuosos de la moderna economía antioqueña, se producen y distribuyen, más que en Antioquia, en el Valle de Aburrá y sus alrededores. En el resto del departamento siguen existiendo economías tradicionales, y en muchos sentidos, condiciones de vida precarias.

Aunque según las cifras oficiales el 80% de la población antioqueña vive en áreas urbanas, gran parte de esta “población urbana” vive en cabeceras de municipios pequeños, donde las realidades rurales aún prevalecen. Por ejemplo, en estos contextos es costoso proveer bienes públicos, lo cual resulta en un acceso limitado o de baja calidad a servicios tan esenciales como el agua, las carreteras, o la educación. En efecto, existe una profunda brecha entre el acceso a la educación en el Valle de Aburrá y en el resto del departamento. Según datos de la línea base Antioquia Como Vamos para 2023, en el Valle de Aburrá hay 778.200 estudiantes urbanos en 522 escuelas y 59.400 estudiantes rurales en 164 escuelas. En el resto del departamento, las cifras son muy diferentes. Existen 278.900 estudiantes urbanos en 406 escuelas y 211.600 estudiantes rurales en 3.988 escuelas. Si dividimos las dos últimas cifras, encontramos que las escuelas rurales fuera del Valle de Aburrá tienen en promedio 53 estudiantes cada una. Por esto es común encontrar lo que se llama “escuelas multigrado”, que tienen en un mismo curso, con un mismo profesor, a estudiantes de todas las edades. Esto suele traducirse en una menor calidad de la educación, aumentando aún más las desventajas que enfrentan los jóvenes del campo. 

A estas realidades se suman dinámicas de tipo cultural que terminan ampliando aún más las desigualdades. Un hecho que debería preocupar a Antioquia es que se está observando una “re-escencialización del rol de la mujer” en las zonas rurales. El 76% de las mujeres y niñas de la zona rural en el departamento, ni trabajan ni estudian. Están en el hogar ejerciendo labores de cuidado no visibilizado y no remunerado (Antioquia cómo Vamos, 2023). 

Otra dinámica que acentúa las desigualdades en Antioquia es la violencia. Aún hoy, el conflicto y las economías ilegales alejan a los jóvenes de la educación y del empleo formal, sobre todo en áreas “periféricas”. Por ejemplo, mientras que en el Área Metropolitana de Medellín el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan es del 19%, para el resto de Antioquia, alcanza un 30% (Antioquia cómo Vamos, 2023). Estas cifras evidencian que además de las brechas entre el campo y la ciudad, al interior de las ciudades, también hay realidades preocupantes. 

¿Cómo construir equidad en Antioquia?

Para empezar, la sociedad antioqueña debe reconocer las desigualdades que existen en su departamento, y la necesidad de solucionarlas trabajando en conjunto con diferentes actores. Aunque existen muchas y exitosas organizaciones sociales en el departamento, se necesita también de soluciones que vengan desde lo público y desde la empresa. 

Muchas organizaciones sociales y programas exitosos del departamento deberían ser visibilizados, escalados y replicados. Un ejemplo es la Fundación Eledé, que ofrece a jóvenes de escasos recursos formación educativa en tecnología y enganche laboral, apuntando a que más jóvenes puedan hacer parte de las oportunidades que ofrece la innovación en el departamento. En todo caso, estas iniciativas deben ir acompañadas por soluciones estructurales que vengan desde lo público para resolver los retos educativos de Antioquia, incluyendo los problemas de deserción, repitencia, extra-edad y el limitado tránsito a la educación superior. 

Las soluciones en lo educativo necesitan ir acompañadas de transformaciones en lo cultural. Como lo señala Paula Andrea Valencia, investigadora de la Universidad de Medellín, debemos avanzar en transformar los imaginarios colectivos para que “el dinero fácil no sea una opción, las armas no sean un proyecto de vida, y las mujeres escapen de ese rol de género re-escencializado”. 

Diana Calle, poeta y gestora social de Anorí también resalta la necesidad de transformar los imaginarios colectivos en cuanto a “la identidad del ser campesino… esa idea de vergüenza, de que en el campo no hay progreso, y de que para ser alguien, hay que migrar a la ciudad ¿Qué hacemos para que los jóvenes no se vayan del territorio?”. Una de las respuestas es tejer redes comunitarias. Como lo señala Diana, en su municipio ya hay 16 organizaciones de mujeres rurales, con programas de granjas, produciendo lociones y productos de aseo, y haciendo juntanzas para capacitarse y también, para sanar las heridas que ha dejado el conflicto armado en el departamento. Otros ejemplos de organizaciones exitosas que vale la pena señalar en Antioquia, incluyen a la Asociación Regional de Mujeres del Oriente Antioqueño (AMOR) y la organización COREDI


Como lo señala David García, líder juvenil y del cooperativismo en Marinilla, “con la organización social podemos darle otra oportunidad a los jóvenes, que no sean armas y vicios (…) y para esto necesitamos pensar cómo recuperar legados como el Movimiento Cívico de Oriente, o la tradición de las cooperativas que ha sido tan fuerte en Antioquia”. Jóvenes como David están liderando ya cooperativas agropecuarias y apostándole a la renovación de los Consejos Municipales. 


Vemos entonces que construir equidad en Antioquia requiere entender las brechas urbano-rurales que existen, e incluir en las soluciones, un enfoque territorial. Por ejemplo, ¿Cómo hacer que la tecnología y la innovación sean también soluciones para el contexto rural? Se necesitan apuestas departamentales para diseñar soluciones que usen la tecnología para vender productos agrícolas, mejorar la educación rural, e incluso, ofrecer servicios públicos. Un ejemplo con potencial son las cooperativas energéticas que usen tecnologías renovables.


Y en todo caso, como concluye Javier Mejía, economista investigador de la Universidad de Stanford, “las soluciones para Antioquia deben reconocer también las limitaciones que imponen el contexto nacional y global. La desaceleración de la economía colombiana, el deterioro del sector minero-energético, y el aumento en la violencia y el crimen, pueden traer presiones adicionales al departamento en los años venideros”. Desconocer estos limitantes puede generar un malestar popular que termine agravando las tensiones y brechas que existen en Antioquia. 

Como un primer paso para visibilizar y reimaginar estas desigualdades, que se viven en muchas zonas de esa Antioquia olvidada y dejada atrás por las oportunidades, Diana Calle, poeta de Anorí, nos comparte el poema “Mi Herencia”. Conócelo acá.

Este artículo hace parte de una serie de 32 columnas que exploran la desigualdad en los 32 departamentos de Colombia. Los escritos son el resultado de un proceso de diálogo entre académicos, artistas y activistas de cada rincón de nuestro país. Para conocer más sobre las publicaciones semanales del proyecto Diálogos Territoriales sobre Desigualdad y sobre nuestro centro de investigación comunitaria, síguenos en IG @reimaginemos.colombia o X @reimaginemos.

Coautores: Paula Andrea Valencia Londoño; Profesora Universidad de Medellín, Javier Mejía; Investigador Universidad de Stanford; David García; Líder social y de la Economía Solidaria en Marinilla; Diana Cristina Calle Castañeda, Poeta y miembro de Asociación municipal de mujeres de Anorí (AMMUAN)

Editora: @Allison_Benson_. Investigadora y Directora de Reimaginemos

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